DESCONOCIDOS

La improvisación, que como norma del juego decora cada rincón del escenario
Sobre el tapete, movimientos desordenados en el detalle y tan armoniosos a la vista
Giros con Gritos, Zapatos desanudados, Saltos con escaladas, Rodillas marcadas, Impulsos medidos, en definitiva, 1000 usos en un mismo circo
El milagro se produce al entrar en la pista, desapareciendo todo , todo aquello por lo cual siempre la terminamos jodiendo
Los desconocidos se les reconoce fácil, siempre observando tras la colorida valla
Observando con envidia porqué lo hemos permitido
Porqué fuera de aquel recinto dejamos pasar a la envidia, tan amiga de sus complejos, al egoísmo, que desconoce lo que es repartir, a los enemigos, que sólo son porque reusamos ser amigos, a los prejuicios, tan críticos de solo lo visto, a la vergüenza, que no le divierte lo desconocido, al aburrido, el mismo que se le ha olvidado improvisar, a la ansiedad incomoda de alegría, a los roles inventados por ellos mismos
Desgraciadamente yo también soy otro desconocido , otro adulto, con la inquietud de seguir aprendiendo
Aprendiendo, al observar como los niños siguen haciendo milagros al cruzar las puertas de cualquier parque

ELLOS

Escalo hasta mi particular Alaska para sentarme en mi transporte mágico de asientos de piedra
Desde allí la observaba como lo miraba
Exactamente de la misma manera que justo hace 28 días
Aquella tarde también me senté en el mismo rincón
Inquietado por su historia pregunté a un buen amigo los entresijos de la misma
Me aseguraba que siempre han estado así desde que los conoce
Cuando ella desaparece el se transforma en ausente
Trato de comprenderlos, de desmenuzar sus comportamientos sin lograr que la palabra atracción adquiera una definitiva definición
Quizás la distancia , la certeza de que no pueden estar juntos sea la que sostenga esa terrible forma de vivir
Mi amigo también me detallaba las veces que cuando ella estaba aún mas cerca, mas bella, el se alteraba
Este Verano la vi hermosa, inmensa, a el lo sentí también mejor que nunca, su temporal maquillaje pintaba el rostro de él cada noche
Una tarde de Agosto decidí ayudarlos y me acerqué a ella y lo intentó, pero las perseiras no lograron mojarse sobre él
Y comprendí que las constelaciones son quizás el lenguaje secreto entre ellos
Y así ella colmada de cráteres, el lleno de idas y venidas
Yo repleto de sueños y ellos hechos de naturaleza

CIRCULOS

Cada uno , cada cual siempre recordará esa primera vez
La primera vez que me subí solo en la guagua, te hacia sentir adulto, valiente e incluso aventurero
El día que por primera vez puse mis manos en el volante y decidido por la calles al rescate de mis amigos transformamos aquel coche en una autentica nave espacial y sólo por el hecho de que era la primera vez
Elegir la sala y escoger tu mismo la butaca, de esa forma tan simple empezabas a perfilar tus propios gustos
Aquel primer concierto que sin duda lo guardas como el mayor espectáculo que jamas hayas asistido quedando así grabada la brisa para un sueño
Toda primera vez no eran más que nuevas lecciones, nuevos cm transformando aquel niño en adolescente y a veces cuando ya cumplías la mayoría de edad seguías estrenando momentos y a veces de repente sin querer eras adulto
Sin embargo convencido de que ya has dado la vuelta, de que el circulo ha vuelto a empezar, descubres que aún es posible un nuevo diámetro como los piñones de una bicicleta y entonces esa primera vez no te hace ser adulto, te transforma de nuevo en un niño

ORIÓN

Casi 2 minutos tarda el Sol en despedirse, solo 2 minutos, tan imponente cada mediodía con un brillo estático y sin embargo tan rápido en su despedida.
Hoy me asomo al “fin del mundo” donde sus vertiginosas paredes delatan lo miniatura de mi persona. Observo la vida de la que provengo y ni sus luces ni tan siquiera sus serpientes autopistas pueden despistarme del asombroso espectáculo del atardecer.
Como un buen telonero de los mejores conciertos, el desvanecer del Sol da paso a la antesala de las estrellas. Una autentico paisaje de exintialismo, de no comprensión, de no entender ni como ni porque, de quedarte mudo y solo obervando.
Es curioso , hace miles de años los que aquí habitaban ya admiraban dicho espectáculo , incluso descifraban calendarios según el comportamiento lunar, su misma fascinación es la que hoy me invade, su misma incertidumbre es la que sigo teniendo, al final, resultará que ni ellos ni nosotros comprenderemos el final de la función.

GRANDES PADRES

Encerrado en mi bunker con aspecto de biblioteca por sus papeles dispersos y en forma de piso soltero por sus sucios platos, suelo apreciar cada día mientras fumo cigarros de descanso, a personas mayores paseando a niños en carros, agarrados a sus ancianas manos o bien distanciados de ellos.

En estos instantes regreso de realizar mi cuarto examen, disfruto del paseo en metro como escaparte del mundo exterior el cual hace tiempo que no frecuento. En la segunda parada de la línea, ha ocupado el asiento de mi lado un personaje de pequeño tamaño, y a su lado, otra persona mayor, la cual no cesa de “apretar” sus delicados muslos.

Solo guardo buenos recuerdos de ella y de el también. Como todos nosotros, tenia cuatro abuelos, y quizás también como muchos de ustedes, guardo incansablemente el recuerdo de uno de ellos, en mi caso es el de mi abuela, los momentos que viví con la madre de mi madre.

Si relatase aquellos instantes, no despertaría alguna curiosidad sobre quien lee, lo se, se que seria imposible desmenuzar con palabras, ADJETIVOS como el “amor”, “bondad”, “generosidad”, “paciencia”, “dedicación”, “cariño”, “incondicionalidad”, “respeto”, perdón he de terminar, me bajo en la próxima.

Dejo al cariñosos abuelo que siga grabando recuerdos sobre su nieto, mientras pienso, los parentescos  no deben ser simples etiquetas. Solo los que fueron buenos padres, serán Abuelos.

NATURALEZA ILEGAL

Aquellas palabras sugerían el dictado de una ley escrita, de una norma irrefutable ; “La Vida Real es esto y no lo que estas viviendo”, a pesar de ello, no hice caso y en consecuencia me sentí un ilegal, un proscrito de la realidad.

Saludar con sonrisas, preguntar por su vida afirmando sus decisiones para luego concretarlas en una critica “constructiva” desde que gira la cabeza. Realidad.

Combinaciones imposibles, contrastes cromáticos regulados, complementos coordinados; ingredientes necesarios para la eliminación de complejos en cualquier evento social. Realidad.

Posiciones adquiridas bien por enchufismo castellano o por merito de años, se les debe dar la mano, la bienvenida, un abrazo, un beso, un te quiero, un hasta que la muerte nos separe. Realidad.

Seguir a las masas, confirmar sus convicciones, jamás ponerlas en duda, apoyándose siempre en un “tu no sabes”. Realidad

Admirar aquella pareja en una noche de verano, ella quizás embarazad de 8 mese, el, seguro enamorado, sus brazos rodeaban la panza de ella mientras se sentaban en un banco de piedra y se robaban besos. Fantasía.

Pensar en la palabra “Hermosura” cuando la primera estrella que vi iluminarse en el cielo cuando estaba en el monte aparecía al día siguiente el poco espacio de techo que hay en la calle donde trabajo. Fantasía.

No practicar la devolución de monedas, guardar todos los puñales, conservar mis ojos y dientes jamás sirviendo nada en plato frio. Fantasía.

Conocerte por lo que transmites, queriéndote por lo que significas, transparente a tus ropas, ciego a tus dígitos. Fantasía.

Ayer me di cuenta, hoy lo escribo, que la verdad de tantos y tantas, es decir, Su-Realismo, ya venia definida en los diccionarios.

REGALANDO FELICIDAD

El cambio cromático de las hojas de los naranjeros, que visten la calle donde vivo, advierten del cambio estacional, igual que las carreras de los pasajeros del ryanair por tomar ventanilla que me anunciaban el fin del verano.

El 21 de Junio comencé por fin el famoso verano del 2013, empecé de una vez conmigo mismo cogido de mi mano. El sonido de la piñata al romperse, de las risas de los míos, de los besos de Lucía endulzaron un inicio perfecto. La terraza de barbacoa y jardín fue escenario de reuniones con mis amigos, con los míos también, de asaderos prendidos con piñas de Tamadaba, piñas escogidas por Lucía cuando nos fuimos de acampada. En ese mismo lugar compartí planchas de cerveza tras cada visita inesperada, tras brindis de buenas conversaciones, siempre sentados con las bermudas húmedas de cloro.

Mermado por la primavera, enrocado por el invierno, poco esperaba en el verano, sólo buscaba una cosa, comerme mi tierra, anhelaba el “mi niño” , admirador de su paciencia, de su cariño trato, decidí empezar por romerías de su interior y sin esperarlo comencé a agarrarme más aún de mi mano porque así me sentía más cómodo, más sonriente. Esa misma mano decidió soltarse de la otra y agarrar otras, sólo para bailar, pero por fin se iba soltando. Tras cada baile una conversación, tras una canción una sonrisa más y sin esperarlo decidieron conocerme, tímido de mí, enrocado de mi pasado, los corazones amables me pulían y eliminan mi telón.

Bajamos del barco a las 11.30 de la mañana, en el puerto de morrojable, mi coche, un viejo amigo, otro bueno y yo. Reencontrarme con las arenas de El Cotillo, dormir bajo su cielo, cantando mientras su atardecer anunciaba el inicio de los conciertos fue el mayor regalo que mi  Tierra me podía dar, el mismo que las sombras de los pinos de Tamadaba tras los cuales esconden la silueta de la vecina Tenerife cuando el Sol decide irse.

En ese viaje a Fuerteventura, ya en el camino de vuelta a Las Palmas, justo antes de llegar a Costa Calma, mi viejo amigo me dio un consejo mientras escuchábamos buenas canciones; “Regala Felicidad” me dijo, justo en ese momento di sentido a todo lo que me estaba ocurriendo, conseguí el diagnóstico de mi anterior año y el tratamiento para el resto de mi vida, sólo tenía que regalar dosis de sonrisas las mismas que guardé durante tanto tiempo.

Con Lucía el tratamiento era automático, su alegría me multiplicaba por mil la mía, su cariño me compensaba todo el perdido, su energía me obligaba a rejuvenecer cada día y cuando se iba, aprendía a conservarlo.

Y me incendié, ella lo sabe, y se incendió según sus informes y aprendí que siempre esperó y que yo desaparecí, aprendí lo que nunca volvería hacer.

Cada llamada de mi agenda de buenos amigos siempre se descolgó, en cada día, en cada hora, aprendí que jamás los volvería a perder.

La última ola de calor dio paso a las sombras agradables y a las noches de sólo ventanas abiertas. Muchas de sus noches tras la barra de la taberna que se esconde tras la Catedral, en ella se quedaron viejas amistades encontradas y felicidades regaladas. Casi cuando colgaba el delantal en el armario por fin de temporada tome un ascensor hasta el 14 de un rincón de Las Palmas.

Solía salir a oler las flores y cada aroma algo me enseñaba, como un libro de cocina, seguía mi recetario con el toque imprescindible de felicidad. Nunca imaginé que volvería a marcar el número catorce de aquel elevador, no sabía que un simple cigarro tardase horas y horas en consumirse, desconocía que el tiempo corriese más rápido que mi propio reloj, tampoco que a las 7:45 amanece en los días 7 de Septiembre. Y cuando ya tenía la maleta hecha, cuando caminaba suelto de manos, aprendí que hay aromas que engancha.

Esta historia terminó como una buena película que vi, terminó regalando felicidad, la misma que desprendía el novio, mi amigo desde que tengo conciencia, cuando a las 7:00 a.m. brindaba conmigo.

Y así, sobrevolando África dirección Valencia, viaje en la ventanilla del asiento 21 por el lado donde no da el Sol, con las manos separadas y el cuerpo des-enrocado, que me disculpen porque soy humano.